Conferencia: El Psicoanálisis De Los Psicoanalistas Según Lacan

Trabajo: Fòrum Opció Escola
Autor: Colette Soler

Conferencia “El Psicoanálisis De Los Psicoanalistas Según Lacan”.

EPFCL-FOE DE BARCELONA (ESPAÑA) – 9 de junio de 2012
Voy a hablar de la relación entre el análisis terminado y el analista. Entonces, es patente que Lacan cambió su idea sobre la relación con el análisis terminado, puesto que es un presupuesto que el análisis tiene un fin; como tiene una entrada, tiene un fin. Cambió su idea sobre la relación entre el fin y la producción posible de un analista.
Hay entonces dos, me parece, dos grandes momentos, dos textos esenciales en la enseñanza de Lacan sobre este asunto. En realidad vamos a decir tres. El primero es el texto bien conocido, lo más leído, lo más asimilado: “La Proposición sobre el psicoanalista de la Escuela”, de 1967. El segundo, diez años más tarde, es el “Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI” sobre los cuatro conceptos. En la primera construcción que Lacan logró hacer para definir un fin de análisis, la idea implícita en el texto es que un análisis terminado produce un analista posible. Digo la primera construcción de Lacan sobre el fin. Es verdad que hay antes algunos esbozos, algunas indicaciones en “la Dirección de la cura”, en “Subversión del sujeto”, pero nada realmente construido.
Entonces, la idea del análisis terminado en la “Proposición sobre el psicoanalista de la Escuela” es la idea de un análisis que ha permitido al sujeto, cómo decir, percibir, captar, cernir el hecho de que hable lo que hable su ser es un ser de objeto, imposible a decir. Todo lo que él ha elaborado durante su análisis, los años de sus análisis, todo el discurso, toda la charla para decir lo que es, es equivalente al objeto que él no puede decir. Sabe que no es más que un objeto, incluso no puede dar la fórmula del objeto, puesto que un “objeto a” no tiene imagen, no tiene significante a pesar de que se puede imaginar. Que se pueda imaginar el objeto bajo diversas formas: la mierda, la mirada…, la idea de Lacan en este momento es que un sujeto que ha llegado a este punto, descubre que todo su discurso es, como decía Santo Tomás, sicut palea, como equivalente a un objeto. Y entonces Lacan dice que en este momento, si el sujeto llega a este punto, la x del deseo se encuentra resuelta. La ecuación, dice Lacan, se encuentra resuelta y, en la ecuación del deseo, el deseo estaba en el sitio de la x. ¿La incógnita, se dice? En este momento se sabe que el valor de la incógnita es igual al objeto. Y la idea de Lacan en este momento era que el sujeto que ha llegado a este punto es un analista posible; puede no decidir entrar en la carrera, por supuesto, Lacan lo insistió mucho, pero puede decidirlo. Y sin embargo es un sujeto que sabe el valor de su ser como objeto.
Después cambió de idea. Cambió de idea después de virar en el texto “Aun”, lo formula explícitamente en el texto del 74 “La carta a los italianos” y lo retoma en el último texto del “Prefacio” del cual hablé. Entonces está claro que ha cambiado su idea, no es una interpretación, puesto que dice claramente que no todo análisis terminado produce un analista. No se puede decir más claramente que no hay la producción casi automática del analista al final del proceso. Y evidentemente hay dos preguntas que surgen en este punto: ¿Por qué cambió de idea? Por fundamento no basta decir una cosa u otra. Hay que saber lo que funda la cosa y sobre todo lo que cambia para nosotros, en tanto que intentamos hacer funcionar el dispositivo del pase, puesto que, evidentemente, si en la primera construcción en el dispositivo del pase, lógicamente los juzgados– no hablamos más de juzgados, hablamos de carteles, pero la verdad es que son juzgados también–… En la primera afirmación podíamos pensar que se trataba de, cómo decir, averiguar el final. Si el final era verificado, en este caso la producción del analista era verificada.
Con su segunda afirmación necesitamos tener otro criterio del analista, no solo del análisis terminado. Y cambia todo al nivel de la decisión, podemos decir, de la finalidad de los carteles. Porque se trata de una selección, una selección dentro de quienes han terminado el análisis. Se puede pensar que para “los juzgados” habitualmente hay tres grupos: los que no han terminado, los que han terminado pero el cartel piensa que no y los que han terminado y el cartel encuentra razones para decir “sí”. Así que cambia todo porque apreciamos mucho, tenemos el ideal de la igualdad en nuestro mundo. Cada uno igual al otro, las mujeres no menos que los hombres, no mas tampoco, pero no menos. E introducir la idea que algunos analizantes que han terminado no merecen ser nombrados AE es difícil de aceptar.
Y entonces me interrogué sobre lo que introdujo Lacan, al cambiar totalmente la configuración, y cuál es el criterio para distinguir. Lacan ha dado criterios, criterios para distinguir lo que llamo los analizados, es decir, personas, que han terminado el análisis y sobre cuyo testimonio podemos pensar con criterio para seleccionar los analizados que se presentan. Si no son analizados sencillamente el cartel dirá: “un esfuerzo más”, un esfuerzo más de análisis. Se puede equivocar el cartel, seguro, no es el problema, pero la respuesta posible es la respuesta posible.
Lacan dio criterios realmente sorprendentes para alguien que no ha seguido y no ha entendido lo que pasó en la enseñanza de Lacan después de los años 1972 y 73, porque los dos textos son criterios de afecto: los que fueron empujados al entusiasmo con lo que han descubierto. Es la “Carta a los italianos” donde explica que el analizado sabe ser, sabe que es un desecho. Es una manera de reformular lo que había dicho en la “Proposición”: sabe ser un objeto, sabe que es un objeto. Y entonces ha cernido su estatuto de objeto y dice que, si no se encuentra empujado por eso al entusiasmo, mejor no nombrarlo analista de la Escuela.
Entonces, el entusiasmo. Entusiasmo que produjo cierto movimiento de esa presencia, voy a decir, en parte del movimiento Lacaniano, como saben. Hay que entender qué puede ser ese entusiasmo, qué puede empujar al mismo. El entusiasmo es una palabra que fue producida primero en la religión, podríamos seguir con la filosofía. El entusiasmo es un afecto, el afecto tiene toda una tradición cuando Lacan lo utiliza. El entusiasmo en religión es más bien el entusiasmo enfrente de algo que trasciende al sujeto, que trasciende el pequeño destino singular de cada uno con su historia, su sufrimiento y su recorrido. Es el encuentro con algo trascendente y, evidentemente, en el análisis este algo trascendente no es dios, a pesar de Doltó que escribe el psicoanálisis a riesgo de la religión, sino que es otra cosa.
Entonces, ¿qué es?: no es el dios trascendente, no es nada sublime; es lo contrario. Es el hecho que la existencia propia tan patética, a veces trágica, que ha producido tantos afectos, sufrimiento, esfuerzos, etcétera, finalmente se encuentra trascendida por estructura. Por el hecho de que cada uno, de cada hablante, en su estatuto de hablante, no es más en su ser que un objeto. Y además un objeto que no puede nombrar.
Y entonces eso puede producir el afecto del entusiasmo en frente de la trascendencia. Yo introduzco la palabra trascendencia que no se encuentra en el texto de Lacan. La introduzco a causa de la prominencia de la palabra, del uso de la palabra en la cultura, en la religión.
En el segundo texto, el “Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI” igual y más que en la “Carta a los italianos” el rasgo que señala el final es un afecto. En la “Carta a los italianos” no. En la “Carta a los italianos” continua diciendo que el análisis permite cernir el ser de desecho. No es tan diferente de la “Proposición”. Y que este cernir este ser de desecho produce un afecto digno del analista de la Escuela.
En el “Prefacio”, más allá, más adelante, no habla más de cernir el objeto, habla de una satisfacción a producir de urgencia; dice además, una satisfacción que marca el final. Eso es muy importante, lo comenté bastante porque siempre Lacan habló de los afectos del final. Incluso en la “Proposición” habla del duelo, de la posición depresiva, de la paz que viene después del duelo. En el “Atolondradicho” también habla del duelo que se termina. En la “Carta a los italianos” habla del entusiasmo.
Entonces siempre habló de los afectos producidos al final, pero hasta el “Prefacio” los afectos que evocaba al final era efecto del final. De un final definido a nivel estructural, es decir, percibir su estatuto de ser objeto. Eso no es un afecto, eso es un logro epistémico, analítico. Y entonces la relación entre el final y el afecto evocado era lo clásico. El afecto efecto de algo que ha sucedido en la elaboración del análisis. Y el afecto efecto es la tesis de Freud desde el principio, de Lacan también hasta el fin del seminario “Aun”. No cambia de idea: es que el afecto es siempre efecto. Pero cuando dice en el “Prefacio” la satisfacción que marca el final, no hay otro, no hay otro, subrayo, fin a la verdad mentirosa. Hay que entender, al correr detrás de la verdad del análisis, que no hay otro fin que la satisfacción que marca el final del análisis. Lo que quiere decir si no hay otro fin es que la satisfacción que evoca es una satisfacción que vale como conclusión. No es una satisfacción efecto de una conclusión. Es la satisfacción que hace índice, signo del final. ¿Final de qué? Final del correr detrás de su propia verdad.
Así, pues, no hay que leer rápido; la vuelta completa de la construcción ahora y entonces evidentemente es la satisfacción que puede ser el índice de la producción de un analista posible. ¿Y por qué dice Lacan que esta satisfacción es una satisfacción requerida de urgencias y habla de los analizantes como casos de urgencia?
He intentado contestar a esta pregunta porque Lacan lo deja implícito en lo que él dice. Creo que hay dos razones en la urgencia: en los analizantes podemos decir que es una urgencia, es casi módico cuando pensamos en los años y años en los análisis que se prolongan; es una urgencia un poco lenta, vamos a decir, pero sin embargo habla de urgencia, de larga urgencia de esta satisfacción. Porque creo que, no creo que, estoy segura si vemos el principio del texto del “Prefacio”, Lacan, en este principio, en realidad habla de lo que fue evocado en el análisis antes de Lacan y que es lo que llamaba la fase final del análisis. Él mismo en “La dirección de la cura” evoca la primera fase, la fase media y la fase final. Ahora no se habla más en nuestro ámbito de la fase final del análisis a pesar de que es una fase bastante presente en los análisis, y el analista que percibió eso antes que Lacan es Michael Balint.
Michael Balint, que Lacan cita cada vez que habla del final del análisis. Michael Balint en su libro “El defecto fundamental” evoca precisamente una fase final del análisis, y dice que es en la fase final del análisis que todos los logros se obtienen. A pesar de que constatábamos que en el análisis muchas veces hay efectos terapéuticos tempranos, efectos locales del síntoma como en el hombre de las ratas: nueve meses y la obsesión desaparece. No había acabado su análisis, evidentemente. Y entonces Balint precisa otra cosa: una fase donde los resultados valiosos se producen y en la cual no hay más producción del material, lo que llamamos el material, es decir las elaboraciones a partir de la asociación libre. Entonces es una fase, lo expresé así, en la cual la elaboración bajo transferencia ha producido todos los resultados de los cuales es capaz. Todos los resultados posibles a producir bajo la asociación libre ya se han producido. Y constatamos más allá de eso, es decir que el sujeto intenta continuar hablando, pero gira en el mismo circulo de cosas que ya ha dicho, asociaciones que conducen a cosas ya elaboradas y tiene evidentemente un sentimiento, como dice muchas veces el paciente: “giro en redondo”.
Y el problema es que en esta fase el analizante no puede salir. Quisiera salir, bueno no, no voy a ir más allá, tengo todas las cartas pero no puedo salir. El problema es saber qué es lo que no capta. Y ¿cómo se termina, cómo se sale de eso? Y Lacan, entonces, al principio del texto produce lo que llamé un modelo reducido del análisis con el lapsus. Un lapsus, es decir, una palabra que surge en vez de otra, que no tiene sentido por definición, un lapsus se desarrolla en el espacio de la transferencia. Nos preguntamos ¿por qué he dicho esta palabra, qué quiere decir? Pienso que damos sentido al lapsus. El espacio del lapsus es el espacio de la elaboración transferencial exactamente y Lacan dice que es cuando el lapsus no tiene más alcance de sentido que uno se encuentra en el inconsciente y lo sabe él mismo.
Entonces, cuando un lapsus o un síntoma o todo lo que el sujeto ha contado en su análisis, cuando no tiene más alcance de sentido, en este momento uno puede decidir lo que es el inconsciente, a saber que algo de lalengua que trabaja sin él y fuera de sentido. No quiere decir que el analizante en este momento se instala en un real fuera de sentido. Define lo real. No quiere decir que se instala en lo real porque, como dice Lacan, si uno presta atención sale inmediatamente y la pregunta por el sentido surge de nuevo. Entonces, no amistad con el inconsciente real. Esta sentencia “no amistad” corresponde a la transferencia, amor del saber inconsciente, amor dirigido del saber inconsciente.
Al final, fuera de transferencia cuando el inconciente real se percibe, no hay amistad. Y entonces si no hay amistad el sujeto se encuentra reenviado hacia buscar la verdad. Buscar la verdad, continuar la búsqueda de la verdad. Pero, como dice Lacan, la verdad miente. La verdad miente no es solo que la verdad sea solo un medio decir. La verdad miente quiere decir que la verdad es impotente, no puede alcanzar a lo real. La verdad miente es una fórmula que traduce el hecho que todo lo que pertenece al significante es heterogéneo con lo real fuera de sentido. No cualquier real, lo real fuera de sentido.
Lacan nos describe así lo que llama un valor cero, al final del texto. No sé cómo han traducido, hay que mirar que esté bien traducido, una palabra que conserva la traducción de: un balance… una balanza… evoca algo con una balanza, casi una alternancia entre percibir la impotencia de la verdad, que ya he hablado suficientemente y percibir el fuera de sentido de los elementos significantes que son los mismos como analizante.
Y Lacan indica que la fase final es eso, es este balance. E indica que, con el uso, quiere decir, con el tiempo y la reiteración de la doble decepción, lo que yo llamo la doble decepción, Lacan no la usa, la describe sin usar: decepción de un inconsciente real que no se puede agarrar y decepción de una verdad que gira en redondo y que miente y que, al uso, dice, hay una satisfacción que produce, una satisfacción precisa, peculiar a cada uno. Es decir, con este peculiar, primero renunciar para nosotros a un esfuerzo para calificar esta satisfacción. Si es peculiar la satisfacción en cuestión no la podemos calificar, no podemos predicar sobre una satisfacción peculiar. Podemos predicar sobre una satisfacción compartida. Compartida, general, pero, si es peculiar, la única manera de evocarla sería de parte del analizante, ser capaz de cernir una obra poética sobre eso.
Entonces si retomo el hilo, ¿entienden por qué la satisfacción del final es la satisfacción que surge, cuando, después de este tiempo de balance, el sujeto puede poner un punto final al correr detrás de la verdad?
¿Y por qué es urgente darle una satisfacción? Porque la fase final es una fase dolorosa, no es una fase tranquila, “todo va bien”, es un fase dolorosa, muy dolorosa en la cual el paciente empieza a pensar, a sospechar qué hizo tantos años de análisis para no lograr encontrar una salida, a pesar de que había obtenido antes muchas cosas eventualmente. Entonces la urgencia es la urgencia de poner el punto de detección a la inquietud, a la intranquilidad, a la turbulencia, turbulencias de la fase final.
Ahora, ¿por qué esta satisfacción de fin, que tiene el valor de final? No es una conclusión verbal, porque un sujeto puede siempre decir “ya he renunciado a la verdad”, “no creo más en la asociación libre”; pero no lo creemos, necesitamos una prueba más real. Y es el cambio de afecto que testimonia el cambio que puede evocar en palabra.
Entonces me pregunté, aunque la pregunta me vino por colegas, en las discusiones que tenemos en Francia en nuestra comunidad, como aquí por supuesto; algunos colegas preguntaban, ¿pero esta satisfacción qué tiene que ver con la producción del analista? En el texto Lacan dice algo sobre este punto, no todo, pero dice algo. Explica antes de hablar de la satisfacción final qué hace función de fin. Pregunta, como saben, pregunta casi chocante, si hay otra razón para un sujeto para instalarse como analista, otra razón que ganarse la vida, es decir, ganar dinero. Hace algunas consideraciones y se pregunta si hay alguna otra razón. Está bien claro que no es una interpretación que Lacan se interroga en este pasaje sobre lo que hace al analista para ser válido, para ser un analista de la Escuela, porque justo después evoca el pase.
Y creo en la experiencia de la satisfacción final, verdadera, no declarada. Verdadera es necesaria, efectivamente, porque si el analista en su análisis no ha encontrado esta conclusión de afecto, de satisfacción, cómo se detiene. Se detiene porque finalmente con el tiempo se dice: “bueno, basta” y se detiene sin la satisfacción final. Se detiene porque uno bien ha obtenido lo que ha podido, nunca es nada, siempre es algo, pero sin que el punto final sea satisfactorio. Hay muchos análisis que se detienen antes, y entonces eso quizás no impide al analista funcionar como analista. Pero Lacan busca analista que no se conforme justo con funcionar, como dice en la “Carta a los Italianos”. Y cuando el análisis se ha terminado, vamos a decir por razón de tiempo, finalmente ¡basta¡, el analista no se encuentra seguro de que hay un final posible satisfactorio de la fase final porque no lo ha experimentado. ¿Y cómo va a soportar las fases finales de sus analizantes que es una fase final, decía, dolorosa para analizantes pero que es una prueba para el analista? Porque es una interpelación constante: “no me dice nada”, “no hace nada”, conocemos toda esta recriminación transferencial fuera, después de todos los beneficios del análisis.
¿Cómo lo va a soportar si él mismo no ha experimentado la posible salida? Creo que eso importa; si la ha experimentado, al menos sabe que es posible. No puede afirmar que se va a producir por tal analizante porque eso es contingente; ese es un punto sobre el que voy a volver. Pero sabe que es posible. Y entonces puede saber que no hace una falsa promesa. Porque en el análisis hacemos una oferta y el problema sería no hacer una falsa promesa.
Y evocaba el hecho de que evidentemente con estos desarrollos estamos muy lejos de la búsqueda de un final definido estructuralmente. Somos libres de un final, no desconectados de lo estructural del análisis pero a la merced de la contingencia subjetiva, es decir, de algo que deviene de la singularidad de cada uno. Si es verdad que hay grandes diferencias de uno al otro, de la unaridad, grandes diferencias en el tiempo para entender, pero también gran diferencia en la relación a la satisfacción. La satisfacción, que es un modo de goce placentero y al sujeto más atraído por el goce no placentero, dramático.
Entonces, con todo esto, Lacan nos propone algo que depende de una cierta contingencia. Y, con ello, evidentemente, en el dispositivo del pase, los carteles casi están en la posición de seleccionar las buenas contingencias del final del análisis. Si las reconoce, incluso si saben que existen, porque evidentemente nuestros carteles son hechos por nosotros, entienden también lo que hicieron cada uno en su análisis, de lo que han entendido, de lo que han captado. No es crear adicto divino, no es crear adicto de carteles. Por eso, además, insisto mucho, después de años de experiencia, sobre el hecho de que creo que en el dispositivo del pase el nombramiento de AE no es lo más importante. La nominación no es la función más importante porque creo que hay algo demasiado contingente donde eso está del lado del analizante, del lado del cartel, del lado de los pasadores; muchas contingencias. Y el papel principal no es eso, el papel principal es la retroacción de la insistencia del dispositivo sobre el trabajo de la comunidad, es decir, el empuje que representa la existencia del dispositivo del pase para poner en cuestión el análisis mismo, el analista y el análisis mismo. Saber cómo se encontraba esta mañana, si “hay del analista”.
Cuando Lacan dice “hay del analista” quiere decir “hay del analista”, pero no se puede nominar. El mismo dispositivo del pase intenta seleccionar posibles, nominar posibles, pero no borra la presente formulación.
El cambio de Lacan, el último cambio en el “Prefacio”, se encuentra estrechamente ligado a su cambio respecto al inconsciente, a su concepto del inconciente que hasta la “Proposición” y el “Atolondradicho”, más o menos es la concepción freudiana, repensada con la estructura del lenguaje. La concepción freudiana de un inconsciente que determina el deseo y cuando entra en la idea del inconciente real, primera definición, fuera de sentido. No es la única definición de lo real, ¡cuidado! Cuando hablamos de real hay siempre que precisar bien la definición que usamos. Porque cuando Lacan dice “no hay proporción sexual” es lo real propio del inconsciente en la cadena, es decir, que hay un real propio al inconsciente. Es lo real que no se puede extinguir, que no se puede descifrar, vamos a decir. Es un real, vamos a decir, interno, pero simbólico.
Lo real que Lacan escribe en el nudo borromeo es otra definición, es el fuera de discurso, el fuera de lenguaje. Por eso puede decir que no podemos predicar sobre lo real. Lo encontramos, se manifiesta, pero no podemos predicar. Cuando decimos “no hay proporción sexual” predicamos. Y entonces, lo real fuera de sentido es lo real sin borde que se manifiesta. ¿Y cómo se manifiesta? Se manifiesta como perturbación, siempre como perturbación del orden discursivo. Sea un lapsus, Lacan ha tomado la más pequeña perturbación que podía encontrar, que no tiene un alcance, nadie hace un análisis porque tiene lapsus. Hacemos análisis porque tenemos síntoma, otra manifestación del inconsciente.
Entonces, el real del inconsciente, de lo real del inconsciente real; yo creo que podemos quizás discutir. No desarrollo el lazo entre el cambio de concepto a nivel inconsciente y el cambio del papel de los afectos. Termino justo diciendo, puesto que esta mañana comenté la página del Seminario “Aun” 175-176, que Lacan termina el seminario “Aun” con una revisión de un afecto. No de cualquiera afecto: el amor. Y para decir, quizás uno no reconoce, la relación entre lo que desarrolló justo antes y lo que sigue. Entonces Lacan dice: “pour faire tourner le vulé”, “hacer girar la persiana” quiere decir “para mirar otra cara de la misma cosa.”
La traducción inglesa es mala, la traducción del español es un poco mejor pero no completamente; dice “para cambiar de página”. No se cambia de capitulo o al menos es el mismo problema, el mismo referente en el otro lado. Y el otro lado, un afecto en Lacan, y para decir que el amor es un efecto que revela el inconsciente. El otro, un amor que encuentra sus raíces en el efecto del inconsciente sobre el otro. Lo dice en la formula “un amor es siempre la relación entre dos inconscientes” y el amor es un afecto que “reconoce”. Es la palabra que Lacan usa, que reconoce la manera con la cual el otro es afectado por el inconsciente.
Entonces, promueve el amor como un afecto él mismo enigmático, pero que percibe algo, del efecto de lalengua, de los efectos de lalengua, de efectos lengua, de su saber, pero el saber que el sujeto no puede agarrar, que no sabe, que no sabe sabido. Sin embargo, el amor es un afecto que manifiesta una percepción de ese real de los efectos de lengua. Lo podemos decir así. Y entonces vemos desde el final de “Aún” que toma el inconsciente como ubicado a partir del saber de lalengua, que es un saber real, cambia lo que podemos decir de los afectos.
Y finalmente Lacan habrá producido tres afectos, tres, que revelan lo que el significante no puede revelar. Y él los llama al final de “Aún” “afectos enigmáticos”. El primero lo ha producido antes, la angustia. La angustia, el único afecto que no engaña y que revela lo que el lenguaje, el discurso no puede revelar, o sea el objeto a. La angustia, signo fenomenológico de la presencia de la incógnita que es el objeto a. Era el primer afecto con alcance epistémico. Fin del monopolio del significante. Era en el seminario de “La Angustia”. Después tenemos al final de “Aun”, el amor. El amor, otro afecto enigmático que revela a nivel afectivo la presencia de los afectos enigmáticos, opacos del saber de lalengua. Y tercero, la satisfacción de fin. La satisfacción de fin que vale como conclusión donde el “spitz”, donde el “blablabla” no puede producir una conclusión.

Trabajo realizado por Colette Soler

Texto desgravado por: Isabel Martínez Alé
Puntuación: Teresa Trías